El maldito e inalterable vaivén de tu presencia me sucumbe de pies a cabeza.
El compás de las horas nocturnas en soledad trazan una línea imaginaria hasta tí.
Ahí te encuentras en el zaguán de otra casa, en el serpenteo de otros besos.
Y yo en retaguardia por miedo a hacerme un poco de caso.
Me dejo guiar por el camino de una transgresión porque remiendo es lo que necesita este corazón.
El puente hasta alcanzarte se torna muralla y sigues siendo digno de este traqueteo entre ella y yo.
La quietud que maniobré días pasados, fue falsa y fue superstición.
Te pierdo a cada minuto, lo siento a flor de piel.
Se bifurca este camino que jamás existió.
Es un litigio hiriente que no seas mío.
Me quedo sola frente al zarpazo de algún otro recurso que me sea ajeno y que no lleve tu nombre, ni tu maldito vaivén.
Había que tener un sentido aparte para captar tu sonrisa;
Tener audacia para dejarse llevar por simples palabras desordenadas, despistadas, salidas todas de mi boca sin siquiera pensar.
No hay incluso hoy, manera de pensar nada que no te contenga.
Tener una pizca de tiranía para doblegar tus encantos, tus silencios, tu espacio a mi lado.
Yo dejaba de ser yo en mi forma altanera, despreocupada, porque tu sonrisa me engalanaba en una oscuridad incompleta, en ruidos molestos que viajaban entre nosotros y entre todos ellos.
Por dentro qué lejos que estaba de la soberbia hacia ti.
Como cada día, desde hace tantos que ni recordás, mi altanería realmente nunca existió.
Era timidez disfrazada en un ave de alto vuelo.
Es quererte simplemente por prestarte toda atención, por sonreír inconciente, por ver tu risa, pensarte hermoso tan solo por tu hoyuelo.
Había que manipular todo esto, de alguna forma, controlar la situación.
Y no hay sentidos, no existen fórmulas, no servirá de nada hacerme la despistada, jugar a que sos igual que los otros, a que pudiera perderte en cualquier multitud.
No hay, ni habrá caminos para dejar de imaginarte acá conmigo.
Tener audacia para dejarse llevar por simples palabras desordenadas, despistadas, salidas todas de mi boca sin siquiera pensar.
No hay incluso hoy, manera de pensar nada que no te contenga.
Tener una pizca de tiranía para doblegar tus encantos, tus silencios, tu espacio a mi lado.
Yo dejaba de ser yo en mi forma altanera, despreocupada, porque tu sonrisa me engalanaba en una oscuridad incompleta, en ruidos molestos que viajaban entre nosotros y entre todos ellos.
Por dentro qué lejos que estaba de la soberbia hacia ti.
Como cada día, desde hace tantos que ni recordás, mi altanería realmente nunca existió.
Era timidez disfrazada en un ave de alto vuelo.
Es quererte simplemente por prestarte toda atención, por sonreír inconciente, por ver tu risa, pensarte hermoso tan solo por tu hoyuelo.
Había que manipular todo esto, de alguna forma, controlar la situación.
Y no hay sentidos, no existen fórmulas, no servirá de nada hacerme la despistada, jugar a que sos igual que los otros, a que pudiera perderte en cualquier multitud.
No hay, ni habrá caminos para dejar de imaginarte acá conmigo.
Si tan solo dejaras caer tu sentir por la vertiente,
yo podría tomarte por sorpresa,
sin traer luego ni llantos, ni quebrantos
cuando debamos soltarnos,
cuando tengas que partir
cuando todo se dé por finalizado.
Si tan solo emanaras en este aire tu aire
yo podría aferrarme a ti
para navegar juntos en un mar sosegado y sin agitación,
cuando el mañana se transforme en antaño,
cuando la brisa solo traiga tu recuerdo
cuando nuestra piel se quede sin querer volver.
yo podría tomarte por sorpresa,
sin traer luego ni llantos, ni quebrantos
cuando debamos soltarnos,
cuando tengas que partir
cuando todo se dé por finalizado.
Si tan solo emanaras en este aire tu aire
yo podría aferrarme a ti
para navegar juntos en un mar sosegado y sin agitación,
cuando el mañana se transforme en antaño,
cuando la brisa solo traiga tu recuerdo
cuando nuestra piel se quede sin querer volver.
Este tiempo
Aunque el tiempo sea capaz de traer consigo, en cuanto deja de apiadarse contigo, una condena, también podrá devolverte la satisfacción del triunfo.
Y el tiempo, incalculable, valioso, hermoso y traicionero, te dará cobijo para que puedas armar tus sueños, replantear tu camino, amar con cada latido.
Es el tiempo y el amor que se funden en uno para darte vida, para traerte al mundo que no entiendes por completo, que es tarea de cada día aprender a querer, aprender a respetar.
Y qué es el tiempo sino sinónimo de Vida?
El tiempo que tú vives tendrá el significado que tú le des.
A mi me han enseñado que la vida es un regalo y mis padres me demostraron que su amor, su ilusión, su alegría es lo que hoy mismo yo puedo sentir en mis venas.
Y aunque el tiempo puede volvérsenos en contra, tendré la oportunidad para pensar que el hoy no es lo mismo que mi ayer y que por eso a pesar de la tempestad tengo la obligación de mantenerme firme con mis anhelos, recapacitar sobre mis malos momentos y seguir la marcha para todo lo que esté por venir.
Y el tiempo, incalculable, valioso, hermoso y traicionero, te dará cobijo para que puedas armar tus sueños, replantear tu camino, amar con cada latido.
Es el tiempo y el amor que se funden en uno para darte vida, para traerte al mundo que no entiendes por completo, que es tarea de cada día aprender a querer, aprender a respetar.
Y qué es el tiempo sino sinónimo de Vida?
El tiempo que tú vives tendrá el significado que tú le des.
A mi me han enseñado que la vida es un regalo y mis padres me demostraron que su amor, su ilusión, su alegría es lo que hoy mismo yo puedo sentir en mis venas.
Y aunque el tiempo puede volvérsenos en contra, tendré la oportunidad para pensar que el hoy no es lo mismo que mi ayer y que por eso a pesar de la tempestad tengo la obligación de mantenerme firme con mis anhelos, recapacitar sobre mis malos momentos y seguir la marcha para todo lo que esté por venir.
Quisiera escribirte algo bonito, algo bonito de verdad…
no encuentro manera de encontrar las palabras tras esta maraña de sentimientos,
Sin mirarnos a los ojos
Puedo sentir un alboroto al pensarte con una sonrisa y cosquillas en mis mejillas.
Qué difícil es dejar de imaginar,
De imaginar este encuentro, de dibujar tus ojos, de oírte la respiración porque
Hoy te necesito. Yo te necesito.
Has aparecido sin estar haciéndote presente en mi mente, en mis noches de insomnio, de soledad y por eso
Tengo razones para esperarte.
Te espero con
Mi cigarro por las noches en silencio
Con el intento de quitarte de aquí, y de tenerte conmigo, al mismo tiempo.
Quisiera cerrar mis ojos para no ver que no estás.
Quiero escapar junto a ti, lejos de mi soledad.
Y paso días enteros calculando
Cuántas horas más tendremos que esperar
Porque esto enceguece, me emociona y también duele.
Y sigo viendo, que
Veneno que me des, veneno bebo.
Qué dulce sensación, escuche tu voz, ahora sé donde quiero estar.
Considerando la manera que tenemos de hablar, diría que me conoces y
Ya te encontré varios rasguños que te hicieron por ahí.
Si pudiera bien sabes que los intentaría sanar porque tu me derrites de tantos modos.
no encuentro manera de encontrar las palabras tras esta maraña de sentimientos,
Sin mirarnos a los ojos
Puedo sentir un alboroto al pensarte con una sonrisa y cosquillas en mis mejillas.
Qué difícil es dejar de imaginar,
De imaginar este encuentro, de dibujar tus ojos, de oírte la respiración porque
Hoy te necesito. Yo te necesito.
Has aparecido sin estar haciéndote presente en mi mente, en mis noches de insomnio, de soledad y por eso
Tengo razones para esperarte.
Te espero con
Mi cigarro por las noches en silencio
Con el intento de quitarte de aquí, y de tenerte conmigo, al mismo tiempo.
Quisiera cerrar mis ojos para no ver que no estás.
Quiero escapar junto a ti, lejos de mi soledad.
Y paso días enteros calculando
Cuántas horas más tendremos que esperar
Porque esto enceguece, me emociona y también duele.
Y sigo viendo, que
Veneno que me des, veneno bebo.
Qué dulce sensación, escuche tu voz, ahora sé donde quiero estar.
Considerando la manera que tenemos de hablar, diría que me conoces y
Ya te encontré varios rasguños que te hicieron por ahí.
Si pudiera bien sabes que los intentaría sanar porque tu me derrites de tantos modos.
No quisiera ser un pez
Evidentemente tengo un gusto muy pronunciado.
La dificultad me enloquece y me encanta.
Las distancias no son nada para mí. Hasta que lo ves.
Han venido ojitos cafés a conquistarme, y faltan los tuyos, que harán lo mismo sin ningún impedimento.
Yo no me resisto, yo me dejo caer, yo siempre pienso que debajo tengo un mar.
Nada de agua, lamentablemente, me equivoco cada vez.
Es un mar de invisibilidad, donde yo siempre soy incorpórea.
Sin cuerpo me acerco con todos mis miedos, con mis dudas, con mis fracasos pasados.
De alguna forma había que equilibrar. Sin cuerpo pero repleta de sentimientos.
A veces tengo esa sensación. Soy un cuerpo de sentimientos.
Cosa que es muy difícil de mostrarle al resto, de dejarse entender.
Y ahora entiendo tantas cosas de mí.
Soy yo invisible más de una ocasión a sus ojos, y mientras ellos no me ven, yo tengo un nudo de conmociones en el pecho.
Es desesperante sentir tanto y no compartirlo.
Yo diría que sería trágico no animarse a desenvolver esta sensiblería.
Entonces es en esos momentos de estúpida lucidez en los que me ahogo solita en el mar que nunca existió. Que jamás estuvo debajo del acantilado de donde estoy apunto de saltar.
La dificultad le da sabor a la vida. Se pasa de amarga o de picante más de la cuenta también.
Y vuelvo a los ojitos persuasivos. Siempre vienen con una enorme caja de sorpresas, y a mi las sorpresas me fascinan.
Estos ojitos que por supuesto tienen dueño me han atrapado con su red.
Es como si yo al tirarme de ese precipicio me convierto en pez y caigo en esas redes.
En ojos cafés, en sonrisas llenas de vida, en timidez, tanta timidez.
Yo de tímida tengo, pero muy poco y de a momentos. Viene como un aluvión.
Toda mi esencia se esconde en esa coraza y los planes que había pensando más de diez noches en cuestión de minutos se esfuman por mi inseguridad.
A veces las miradas no son suficientes. Mandar mensajes a los ojos implica mucha practica del remitente y del que los envía.
Pasadas las horas acurrucada en el blindaje de temor, el miedo se vuelve furia.
Pero yo que soy pez tengo suerte. Quien me pescó me ve adorable y me abriga en una pecera.
De alguna forma misteriosa algo sucede, y terminamos mirándonos a los ojos, sus ojos café, sus manos en las mías.
Y yo sigo respirando. Al principio a enormes bocanadas, hasta volverse rítmico, hasta sentirme en mi espacio.
Cuando todo es casi perfecto y yo estoy a punto de convertirme en sirena, porque ya me mira, porque ya se siente su latido cerca del mío cuando respira en mi cuello, todo termina.
No solo eso. Dije que la vida podía volverse amarga, y eso sucede tan rápido que no entendés cómo es que sucedió.
¿Cuándo fue que el dueño de los otros ojos cafés te dieron a entender por primera vez y literalmente que de verdad te quiere, a vos y a nadie más?
Y yo que estaba a punto de convertirme en sirena, me convierto en foca.
Graciosa y tonta foca. Así es como me siento.
Porque el tiempo lo es casi todo.
Como dije, no las distancias, sino el tiempo.
Tarde. Llegar tarde es peor que no llegar.
¿Quién está de acuerdo con la frase patética de “Mas vale tarde que nunca”?
Perdiste el tren, perdiste el barco, y yo con vos, por culpa de tus miedos.
Y claro, yo me entiendo.
Este cuerpito de sentimientos no tolera no expresar lo que siente.
Es ahí cuando hablo. De invisible paso a notoria, y de notoria a ridícula, solamente por el verbo “hablar”.
Eso no es todo. Arrepentirse luego, es lo peor. Es peor que ser foca. Es peor que ser ballena.
Entonces quedé sin un enamorado que llegó tarde, sin la oportunidad de sincerar con quién casi me vuelve sirena, siendo yo todavía hasta hoy, una foca.
Súper divertida, graciosa y boba foca.
Así estoy en la espera de los otros ojos cafés, los que van a venir a conquistarme, tal vez sin querer.
Y volverá con esos días el nudo de conmociones cuando lo vea, cuando sepa que existe.
Y me pregunto de antemano, yo, obsesiva de la anticipación, en qué bicho raro me voy a convertir cuando él traiga consigo su caja de sorpresas y dificultad.
Evidentemente tengo un gusto muy pronunciado, todo se resume a ojos cafés, distancia, sorpresa y dificultad.
La dificultad me enloquece y me encanta.
Las distancias no son nada para mí. Hasta que lo ves.
Han venido ojitos cafés a conquistarme, y faltan los tuyos, que harán lo mismo sin ningún impedimento.
Yo no me resisto, yo me dejo caer, yo siempre pienso que debajo tengo un mar.
Nada de agua, lamentablemente, me equivoco cada vez.
Es un mar de invisibilidad, donde yo siempre soy incorpórea.
Sin cuerpo me acerco con todos mis miedos, con mis dudas, con mis fracasos pasados.
De alguna forma había que equilibrar. Sin cuerpo pero repleta de sentimientos.
A veces tengo esa sensación. Soy un cuerpo de sentimientos.
Cosa que es muy difícil de mostrarle al resto, de dejarse entender.
Y ahora entiendo tantas cosas de mí.
Soy yo invisible más de una ocasión a sus ojos, y mientras ellos no me ven, yo tengo un nudo de conmociones en el pecho.
Es desesperante sentir tanto y no compartirlo.
Yo diría que sería trágico no animarse a desenvolver esta sensiblería.
Entonces es en esos momentos de estúpida lucidez en los que me ahogo solita en el mar que nunca existió. Que jamás estuvo debajo del acantilado de donde estoy apunto de saltar.
La dificultad le da sabor a la vida. Se pasa de amarga o de picante más de la cuenta también.
Y vuelvo a los ojitos persuasivos. Siempre vienen con una enorme caja de sorpresas, y a mi las sorpresas me fascinan.
Estos ojitos que por supuesto tienen dueño me han atrapado con su red.
Es como si yo al tirarme de ese precipicio me convierto en pez y caigo en esas redes.
En ojos cafés, en sonrisas llenas de vida, en timidez, tanta timidez.
Yo de tímida tengo, pero muy poco y de a momentos. Viene como un aluvión.
Toda mi esencia se esconde en esa coraza y los planes que había pensando más de diez noches en cuestión de minutos se esfuman por mi inseguridad.
A veces las miradas no son suficientes. Mandar mensajes a los ojos implica mucha practica del remitente y del que los envía.
Pasadas las horas acurrucada en el blindaje de temor, el miedo se vuelve furia.
Pero yo que soy pez tengo suerte. Quien me pescó me ve adorable y me abriga en una pecera.
De alguna forma misteriosa algo sucede, y terminamos mirándonos a los ojos, sus ojos café, sus manos en las mías.
Y yo sigo respirando. Al principio a enormes bocanadas, hasta volverse rítmico, hasta sentirme en mi espacio.
Cuando todo es casi perfecto y yo estoy a punto de convertirme en sirena, porque ya me mira, porque ya se siente su latido cerca del mío cuando respira en mi cuello, todo termina.
No solo eso. Dije que la vida podía volverse amarga, y eso sucede tan rápido que no entendés cómo es que sucedió.
¿Cuándo fue que el dueño de los otros ojos cafés te dieron a entender por primera vez y literalmente que de verdad te quiere, a vos y a nadie más?
Y yo que estaba a punto de convertirme en sirena, me convierto en foca.
Graciosa y tonta foca. Así es como me siento.
Porque el tiempo lo es casi todo.
Como dije, no las distancias, sino el tiempo.
Tarde. Llegar tarde es peor que no llegar.
¿Quién está de acuerdo con la frase patética de “Mas vale tarde que nunca”?
Perdiste el tren, perdiste el barco, y yo con vos, por culpa de tus miedos.
Y claro, yo me entiendo.
Este cuerpito de sentimientos no tolera no expresar lo que siente.
Es ahí cuando hablo. De invisible paso a notoria, y de notoria a ridícula, solamente por el verbo “hablar”.
Eso no es todo. Arrepentirse luego, es lo peor. Es peor que ser foca. Es peor que ser ballena.
Entonces quedé sin un enamorado que llegó tarde, sin la oportunidad de sincerar con quién casi me vuelve sirena, siendo yo todavía hasta hoy, una foca.
Súper divertida, graciosa y boba foca.
Así estoy en la espera de los otros ojos cafés, los que van a venir a conquistarme, tal vez sin querer.
Y volverá con esos días el nudo de conmociones cuando lo vea, cuando sepa que existe.
Y me pregunto de antemano, yo, obsesiva de la anticipación, en qué bicho raro me voy a convertir cuando él traiga consigo su caja de sorpresas y dificultad.
Evidentemente tengo un gusto muy pronunciado, todo se resume a ojos cafés, distancia, sorpresa y dificultad.
"Serás lo que debas ser"
Es nuestra vida el obstáculo más grande. Se nos presenta sin avisar, empieza a latir con seguridad pero bajito a los oídos del mundo externo, del mundo que luego se nos vendrá encima, o nos dará abrigo. Es mi vida la que manejo hoy. Es hoy cuando decido lo que yo quiero ser. Hoy, cuando lloré sin vergüenza, cuando me sentí abrumada, sola, frustrada, bien supe que estaba donde yo tenía que estar. Yo quiero ser eso que me late adentro, que me dice a gritos donde voy a estar bien, por mi y por los demás. Que yo con todo mi esfuerzo, con todo mi amor, voy a ser una de tantos que hacen que el mundo no se nos venga tan encima. Yo quiero ser alguien que dé abrigo. Es mi vida la que tengo en mis manos hoy, para poder luego hacer el bien con la salud y vida de los demás. Si yo paso los obstáculos que tanto me hieren, que tanto dolor causan, voy a estar preparada para hacerle frente a lo que causa dolor y muerte a los demás. Y tener miedo, me es natural. El miedo se hace carne, se hace parte de uno. Mi obstáculo no es el miedo; no es vencerlo, porque siempre va a estar. Mi objetivo es aprender que la existencia del temor lo único que puede lograr es hacerme derrumbar, tirar mi anhelos y desperdiciar mis sacrificios. Es mi vocación el obstáculo más grande, porque es mi vida.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

